viernes, 10 de diciembre de 2010

Crímenes no resueltos y en el olvido


En estos tiempos no hay día que esta ciudad se vaya a dormir y se despierte sin enterarse de historias de vidas acabadas violentamente. De crímenes que nacen por razones que ya pocos logran entender y que desnudan el alma de una sociedad enferma. Los periodistas hacemos el recuento negro de esas muertes que la policía se encarga de revelar para no dejarlas en la impunidad. Muchas se cierran cuando los asesinos van a prisión, pero otras se convierten en misterios, crímenes sin resolver, cuyas investigaciones se dejan inconclusas con el tiempo.


Del promedio de 250 denuncias de homicidios que se registran cada año en la capital, según la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri), el 5% de casos no se llega a resolver y pasa a engrosar una lista que arrastra por años a la policía. Ahí están los asesinatos con múltiples sospechosos, pero sin pruebas determinantes, las víctimas no identificadas y los cuerpos que no se hallan pese a la confesión del asesino. "No es que sean crímenes perfectos, sino que tienen investigaciones en los que intervienen muchos aspectos y alguno puede fallar".


LA SOMBRA DEL ANONIMATO


Su lápida está en blanco, sin un nombre y apellidos que recuerden que alguna vez estuvo entre nosotros y que se fue demasiado pronto. Desde hace doce años descansa en el pabellón de niños San Zoilo del cementerio Presbístero Maestro. Los guardianes lo conocen como 'Juanito'. Así lo bautizaron los médicos y las enfermeras que intentaron salvarlo cuando llegó moribundo el 20 de julio de 1993 al Hospital del Niño.


Aquel día, la policía lo halló en una acequia de Villa María del Triunfo. Era apenas un niño de unos 3 años cuando le arrebataron la vida con ácido muriático. Estaba muy pequeño para defenderse y revelar si alguien le dio a ingerir esa sustancia o la tomó por accidente.


Los agentes de Homicidios de la Dirincri que se encargaron del caso se inclinaron por la hipótesis de un asesinato: Nunca nadie lo fue a buscar al hospital ni reclamó su cuerpo después de muerto. Por eso se consideró como principales sospechosos a sus padres. Se querían deshacer de él y no encontraron otra manera que la muerte. Las investigaciones tomaron un rumbo extraño, ya que cuando parecía que el caso empezaba a resolverse, todo se complicó más.


Una mujer creyó reconocer al niño a través de la televisión y se lo contó a la policía. Rosario Vértiz pensó que era el hijo de Clemencia Robles, su empleada doméstica, quien días antes había renunciado a trabajar en su casa y se había llevado al pequeño David. "Ella se fue pese a que nosotros nos encariñamos con el niño y le pedimos que se quedara. La última vez que nos comunicamos por teléfono nos dijo que ya no volvería a llamarnos", relató Rosario a la fiscal ad hoc Zulema Castro, quien hasta hoy tiene el caso. Ella vio al niño moribundo y ratificó que era David Papa Robles, el hijo de su ex empleada, quien era madre soltera.¿Por qué estaba tan segura de que era él? La fiscal Zulema Castro cuenta hoy que se le pidió una característica en el rostro del niño y la mujer dijo que tenía una pequeña marca dejada por la mordedura de un perro en la mejilla derecha. El menor que se moría en el Hospital del Niño la tenía. Pero eso no fue todo. Rosario precisó que el niño había nacido en el hospital Alberto Sabogal del Callao.


DAVID ESTABA VIVO


La policía fue en busca de los archivos de los recién nacidos en 1993 en ese nosocomio para comparar las huellas pelmatoscópicas (de las plantas de los pies) del menor registrado como David Papa Robles y el niño asesinado. Eran la misma persona. Al menos eso fue lo que dijo la policía el 25 de agosto de 1993 y con ese nombre fue enterrado. Pero no pasaron más de 72 horas para que toda esta historia se desbaratara.


Clemencia Robles se presentó ante la policía, pero no para entregarse por ser la presunta autora del asesinato de su hijo, sino para mostrar que David estaba vivo, que nunca se había separado de ella y que solo habían dejado la ciudad para ocuparse de su chacra en Huarmey.


¿Cómo es que podían existir dos niños tan parecidos? "Suena increíble, pero lo eran. Cuando tuve en mi despacho al niño vivo era muy parecido al fallecido. Hasta tenía la misma marca en el rostro", relata la fiscal Zulema Castro. Solo cuando se aplicó un nuevo examen de huellas plantares, la policía y la fiscal tuvieron que admitir que había un error. Clemencia tenía entonces un hijo legalmente muerto y las autoridades un crimen que debían volver a investigar desde cero.


Entonces, ¿quién era el niño muerto? La policía ofreció recompensas para quienes ayudaran a identificar a los padres de 'Juanito', como ahora es recordado el caso que en su momento impactó a Lima. Pero, pese al dinero ofrecido, nadie dijo nada. Al menos, nada claro. En el Perú no existe un archivo de las huellas digitales de niños. Eso ha dificultado la identificación del menor enterrado en el cementerio Presbístero Maestro.


VISITAN SU TUMBA


Cuando fuimos a visitarlo a su tumba, encontramos flores frescas. Los hombres que cuidan el pabellón nos dieron el nombre de Manuel Gonzales Zulueta, quien visita cada quince días al menor desde que fue enterrado. ¿Es su familiar? Este hombre dice que conoció a 'Juanito' a través de los medios de comunicación y que se conmovió con su tragedia. Desde entonces lo visita, pero niega tener algún vínculo de sangre con el pequeño. Se negó a decirnos más.
Han pasado doce años de este asesinato, que quizá por otras tantas muertes terribles ha dejado de tener atención, pero aún no ha prescrito. La pena que recibiría su autor o sus autores es de 20 años, y ese es el mismo tiempo que la justicia espera antes de enviar el caso al archivo.

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